Personal

El patio de mi cárcel es particular

abril 1, 2005

Yo hace tiempo vi alguna vez, algún reportaje, y algún que otro “listo” hablando en televisión, sobre las bondades y excesos de lujo de nuestras cárceles.
Como mis recuerdos se cernían al período 88-92, y a penales antiguos como Carabanchel (Times Square), Ocaña I (la Ciudad del dólar), Ocaña II (Bad Boys) y Herrero de la Mancha (de cuyo nombre no quiero acordarme), me limité a no pensar mucho en las gilipolleces que allí se decían.
Ahora, que gracias a la interpretación tan primitiva que del Código Penal, y de nuestra propia Constitución hizo la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Madrid (amén de la denegación de pruebas científicas, y cierta indefensión), puedo hacer un reportaje sobre el tema.
Seguramente con la acidez y la falta de imparcialidad propia del que se siente huésped obligado de estas estancias de mala vida, pero siempre tiene que haber dos versiones ¿no?
Sesenta por cuarenta. Esas las dimensiones. Un escaso campo de fútbol sala, con cierto espacio, para salir por las bandas. Rodeado de paredes de calambucos anaranjados por los laterales, y el resto de hormigón gris.
Tras 22 días, ya conozco la existencia de la Galería o Módulo Cultural, donde puede asistir a una misa ultramoderna, y a la proyección de Vanilla Sky (esta última parecía un duplicado, o casi diría que un “screen”, por la multitud de saltos que nos procuró la exhibición).
De polideportivo, la piscina y otras lindezas, el que escribe, que se ha “jartao” de escribir instancias no conoce más que su somera existencia, gracias a las descripciones que algunos me hacen, y los comentarios de ciertos tertulianas, que como siempre, hacen gala de un pésimo periodismo, y una patética parcialidad.
El patio de mi cárcel es particular, porque en él están contenidos, el espíritu y letra de nuestra constitución, de la Ley General Orgánica Penitenciaria y del Reglamento que la desarrolla.
En él gozamos del derecho al trabajo, que nos es permitido mediante el desgaste continuo de nuestro calzado, y alguna que otra neurona que tiene tiempo a patinar todo lo que quiere y más, durante nuestra ardua y dura jornada laboral.
Como no, al estudio y la formación, que olvida a aquéllos que ni son analfabetos, ni van a estar en estas casas, el tiempo requerido para una campaña universitaria en la UNED.
(Quizás, la administración de Justicia, les copia lo mejor de la de Sanidad, aunque sea por pura envidia).
Y por qué no hablar de ese taller ocupacional, que pide a gritos que algunos amigos míos nos instruyeran en el arte de la “ocupación”. Y digo esto, porque es lastimoso ver un local de 600 metros cuadrados (supuestamente dedicado a los talleres ocupacionales, permanezca siempre cerrado, y por qué no decirlo, con más de 50 lámparas fluorescentes encendidas permanentemente, en un acto de formación ecológico-ambiental.
Para finalizar, hablaré de esa biblioteca tan fantástica de la que algún imbécil dijo, que era una puerta a la esperanza para los internos. Este mamarracho lo primero que debería hacer es darse una vuelta por aquí, por los módulos, y mirar los libros que nos prestan. Cuando tenemos suerte y de los pedidos alguno te llega. Libros editados entre 1978 y 1996 (no he conseguido ver libro alguno en mi módulo con una antigüedad inferior a los 10 años).
En lo que a mi respecta, no me puedo quejar. No es mal hotel.
Con la reserva me incluyeron unas hermosas vistas al Yelmo de la Pedriza (del que en otra ocasión hablaré). Una tácita promesa de un nuevo destino, quizás para ver y conocer la vega baja de Aranjuez.
Con un poco de suerte me broncearé en la piscina leyendo la última obra de Miguel de Cervantes, y contesto a mis emails mientras el funcionario me sirve (por equivocación) un chupito de Metadona, destinado a mi compañero de hamaca, que pasa por sus últimos días pensando en lo que pudo ser y no fue.

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1 Comment

  • Reply hector marzo 27, 2006 at 9:13 pm

    Animo, tu escrito muestra que eres una persona con talento. No pierdas la oportunidad de completar tu formación aun que sea con libros antiguos.

    Saludos

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