Personal

Sensaciones

enero 25, 2008

Pasan los días y navego en un mar agitado, de dudas, de esperanzas. Tenebroso temporal zozobrando la nave de mi vida, que de vez en cuando me permite ver el faro de mi esperanza.

Miro atrás y no veo, más que un tiempo perdido, un extraña sensación de haberme equivocado en mi camino, una y otra vez, buscando un destino, jamás alcanzado, dejando al pasar, un rastro de dolor, unas veces compartido, otras veces merecido, las menos deseado.

Paso el tiempo a atrás, como si del video o dvd, se tratará, visionando la película de mi vida, y descubro a mi pesar, que muchas cosas hice mal, pero no todas. Que no merece la pena luchar denodadamente si estas solo o mal acompañado en tu aventura, que no merece la pena tampoco, ser esclavo de una estúpìda ilusión, ni el futuro es un proyecto de trabajo, de profesión o empresa. Cuando haces el recorrido con ese pensamiento, es cuando pierdes muchas veces, lo poco que de verdad merece la pena, cuando quedas ciego para ver con claridad, que es lo que de verdad importa.

Ahora cuando las cosas están difíciles, que no imposibles, alguien quiere acompañarme en ese nuevo caminar. A pie de calle, tengo que dejar a algún amigo que no lo fue tal, algún caradura que el tiempo dejará en mal lugar, aunque esto último, la verdad, me sabe muy mal, pues en cierto modo, algo de fracaso hubo en nuestra amistad, pues como el amor, es cosa de dos, y no de uno.

Y es aquí, donde el temporal torna calma chica, donde el sol brilla resplandeciente, y descubres que también hay bellos momentos en el pasado, que no todo es gris, ni todo será gris. Que mi vida, a fin de cuentas, es la que me toco vivir, con un poco de mi ayuda, errada o no, pero eso si, distinta, llena de color, de cambios, de fuerza y de pasión.

No se como solventare todos los líos, los que me toca afrontar, los que me quiero acoplar, pero algo en mi interior, una vez más, me lleva a la carretera de la vida, dispuesto a recorrer los kilómetros que me queden por viajar, sabiendo que a mi lado, tendré la compañera tanto tiempo deseada. Incluso algo me dice, que pronto, muy pronto, otros problemas que tienen ya tiempo, se arreglaran.

Mañana sale del hospital, y tengo que preparar las cosas de una vez. No podemos esperar más. El tiempo pasa,  y la carretera se ve pasar. No sabemos que tiempo queda, así pues, salgamos ya. Que mas da, si el coche es pequeño, o tenemos que hacer dedo. Lo importante, es salir. Y nosotros, nosotros queremos hacer el viaje de la vida, juntos, los dos.

Cuando me hablan del destino
Joaquín Sabina

Yo era un capo en el ambiente,
derrochaba adrenalina,
me presentaba en Corrientes,
tenía palco en el Colón,
manejaba un convertible,
no escatimaba propinas,
las quimeras imposibles
de otros eran mi rutina,
no había nacido la mina
que me dijera que no.

Pero pucha, un un veintinueve
de aquel febrero bisiesto
me vi pernoctando un jueves
en un banco de estación,
sin más ajuar que lo puesto,
ni credit card, ni cobija.
Las ratas que huían del barco
del retrato de mis hijas
me afanaron hasta el marco
creyendo que era art decó.

Las coristas y las farras
se esfumaron con la guita,
los muchachos de la barra
no me echaron ni un piolín;
Charly no tuvo un detalle
ni Fito un «¿qué necesitas?»
cuando, al cabo de la calle,
rompí mi caricatura,
ni el camión de la basura
tuvo un jergón para mí.

Disqué el movicón amado
de una gatita de angora,
«no moleste a la señora»,
contestó el contestador.
Y aprendí que estar quebrado
no es el infierno del Dante,
ni un currículo brillante
la lámpara de Aladino,
cuando me hablan del destino
cambio de conversación.

Espejismos rosicleres
ya no me fruncen el ceño,
ni me cobran alquileres
las mujeres que olvidé,
bajo el sol que me apuñala
vivo sin patria ni dueño,
como el aire lo regalan
y el alma nunca la empeño
con las sobras de mis sueños
me sobra para comer.

¿De qué voy a lamentarme?,
bulle la sangre en mis venas,
cada día al despertarme
me gusta resucitar,
a quien quiera acompañarme
le cambio versos por penas,
bajo los puentes del Sena
de los que pierden el norte
se duerme sin pasaporte
y está mal visto llorar.

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